IMPACTO DE LA GRAN MINERÍA SOBRE LAS POBLACIONES LOCALES EN ARGENTINA

Informe realizado por Juliette RENAUD, asesora de Adolfo Pérez Esquivel– Julio 2008

 

 

 

  Resumen Ejecutivo

 

 

En los últimos años, la industria minera se desarrolló de manera impresionante en

Argentina, sobre todo la llamada “gran minería”, aquella asentada en la explotación de

minerales metalíferos tales como el oro, la plata, el cobre. Cada año, la industria minera

presenta cifras impresionantes, nuevos récords en materia de inversiones, producción y

exportación.

Pero de todos esos millones, al pueblo argentino no le queda nada, sino el impacto

negativo de todos los daños ambientales, sociales y económicos que provoca esta actividad a

gran escala. Mientras se enriquecen las transnacionales extranjeras gracias a los recursos

naturales argentinos, las poblaciones locales sufren de numerosas violaciones de sus derechos

y ven su futuro seriamente comprometido.

La gran mayoría de los recursos mineros metalíferos de Argentina se encuentran a lo

largo de la Cordillera de los Andes, principalmente en las provincias de San Juan, Catamarca,

Tucumán, Santa Cruz, Chubut, Salta y Jujuy. Considerado que la prospección, exploración y

producción de minerales metalíferos requieren altas inversiones en capital, el sector está

dominado por grandes empresas transnacionales, en gran mayoría de origen canadiense, que

se llevan todas sus ganancias afuera del país.

Lo que hay que entender es que la culpa no es de las solas empresas mineras. Si bien

esas son los principales actores de este desastre, el Estado argentino es el que viene

permitiendo este saqueo, gracias a una legislación más que permisiva. Además, como si no

fueran suficientes todas las ventajas fiscales y la falta de regulación de las cuales benefician

las multinacionales mineras, esas usan su poder económico para comprar los apoyos políticos

y mediáticos necesarios para desarrollar sus proyectos en total impunidad.

El impacto de la llegada de un proyecto minero es terrible para los pueblos aledaños:

afecta y altera de manera profunda su vida a todos los niveles, desde lo ambiental, hasta lo

económico, lo político y lo cultural. En primer lugar, la gran minería provoca una serie de daños

ambientales a veces irreversibles, contaminando el agua, los suelos y el aire con metales

pesados y substancias químicas. Las consecuencias directas de esta contaminación son la

destrucción de la fauna y la flora, y la aparición de enfermedades muy graves, hasta mortales.

Además de ver su derecho a la salud afectado, las poblaciones locales ven

comprometidas sus actividades económicas, en particular la agricultura, por la falta de agua y

por la contaminación que aumenta fuertemente la mortandad de los animales de cría.

Por fin, existen muchos otros derechos no respetados por las empresas mineras: no

reconocen el derecho a la tierra de los pueblos originarios, violan sus derechos culturales,

aniquilan la libertad de expresión comprando el silencio de los pobladores...

Frente a todo eso, es urgente actuar para impedir que se sigan violando los derechos

de tantos argentinos. Por un lado, hay que exigir al Estado y a los gobiernos provinciales,

supuestos responsables del bien público, que hagan respetar los derechos de los pueblos

afectados por la gran minería, y que cambien las leyes para que Argentina deje de regalar sus

recursos a empresas extranjeras. Por otro lado, hay que informar a todas las poblaciones

locales sobre los peligros de la actividad minera y apoyar sus luchas para que recuperen los

derechos de los cuales fueron privados.

 

 

 

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